Llegaba el momento de tomar una decisión, era un momento delicado en el que apenas pude pensar porque fue en una situación tensa. Mi primera idea era que no quería que él dejase a su esposa porque yo se lo pidiera, sino porque él lo desease así, quizás idea confundida, pero no quería sentirme culpable de una ruptura de matrimonio. Pero claro que deseaba que la dejara, de eso no tengo dudas, sin embargo, tenía miedo también a pedírselo y que no lo hiciera, así que le dije que me alejaría de él, que no seríamos ni amigos, por mucho que me doliera, porque más que mi chico, era mi amigo y me partía el corazón en pedazos la idea de que ni siquiera fuéramos amigos, pero no era capaz de pedirle que dejara a su esposa, consideraba que esa decisión la tenía que él que tomar sin que interviniera yo.
Me pasé días llorando, sabía que tenía que ser fuerte, pero no lo era, lo reconozco.
Días después, me llamó pidiendo perdón por haberme hecho tomar esa decisión, me dijo que no me quería perder como amiga, que era una gran persona y le dolía tenerme lejos.
Empezamos a vernos de nuevo, pero solo como amigos, como buenos confidentes. Pero yo seguía enamorada y no me resignaba a la idea de perderlo e intentaba que cayera de nuevo en mis brazos, aunque él parecía convencido de querer seguir con su vida estable, con su esposa y nada de tener amante.
Pasaban los días, hasta que llegó el momento en que todo cambió...