Ser la amante, no es ser una...

Dedicado para todos los enamorados de personas que tienen su vida hecha junto a otra persona.

jueves, 7 de abril de 2011

¿Qué es de mi vida?


Hola a todos, vuelvo a las andadas y no precisamente porque vuelva a ser la amante, si no porque de esta experiencia personal quiero hacer algo útil, me gustaría ayudar aconsejando a todas esas personas que se encuentren involucradas en una infidelidad.

Con respecto a qué es de mi vida, no han habido muchos cambios. Seguimos siendo amigos, que próximamente os contaré detalles de nuestra amistad: ¿Ha habido algún roce? ¿Sigue vivo el amor que nos teníamos? ¿Nos vemos con frecuencia?

Además os contaré el día que conocí a su esposa: ¿Cómo reaccionó al verme? ¿Sospecha? ¿Cuál fue la actitud de él?

Como os he indicado, próximamente tendréis respuestas a estas preguntas.

Y no dudéis en dejarme comentarios con vuestras experiencias, dudas, opiniones.

Os espero.
Sarita

viernes, 30 de julio de 2010

¿¿Ella o yo??

Pues después de dos años y que la relación avanzara más y más, solo faltaba una cosa, que fuera solo mío y nada más que mío. Así que me armé de valor y le di a decidir entre ella y yo. Sabía que no iba a tener valor de dejarla, pero yo ya no podía más, no quería seguir con esa situación.

No me confundí y efectivamente dijo que no la podía dejar, que no sabía qué sentía por ella, pero que eran muchos años juntos y que cariño le tenía y mucho, que de un día para otro no la podía dejar...

En fin, que dejamos la relación hace más de dos meses. El primer mes fue horrible porque estaba destrozada anímicamente, pero todo se supera poco a poco. Además somos buenos amigos y hay una cosa que tengo claro: he perdido a una "pareja", pero he ganado a un gran amigo.

miércoles, 28 de julio de 2010

Empezamos de cero

Todo cambió, porque empezamos de nuevo, es decir, retomamos la relación, pero esta vez de forma distinta. Ya no era la amante escondida que nadie podía ver, ahora todo era diferente, me presentaba a algunos familiares, tíos, primos, amigos íntimos, compañeros de trabajo... La gente veía lo que pasaba, hacían muchas preguntas sobre nuestros actos, pero parece ser que los rumores no llegaban a oídos de su esposa, o al menos, eso me dio a entender él.

Pasaron varios meses, los mejores de mi vida, donde lo veía cada vez que quería, nos la pasábamos juntos, era como si fuera solo mío y nada más que mío. Sin embargo, de vez en cuando bajaba a la Tierra y me daba cuenta que todo era como un sueño, porque él seguía casado y sin intención de dejar a su esposa, me daba miedo hablar del tema y estropear los momentos bonitos que vivía junto a él.

Pero yo cada vez quería más, quería que fuera solo mío y cuando ya llevábamos cerca de dos años de relación, llena de momentos felices, sobre todo, tomé una decisión que cambiaría mi vida.

domingo, 25 de julio de 2010

Mi decisión

Llegaba el momento de tomar una decisión, era un momento delicado en el que apenas pude pensar porque fue en una situación tensa. Mi primera idea era que no quería que él dejase a su esposa porque yo se lo pidiera, sino porque él lo desease así, quizás idea confundida, pero no quería sentirme culpable de una ruptura de matrimonio. Pero claro que deseaba que la dejara, de eso no tengo dudas, sin embargo, tenía miedo también a pedírselo y que no lo hiciera, así que le dije que me alejaría de él, que no seríamos ni amigos, por mucho que me doliera, porque más que mi chico, era mi amigo y me partía el corazón en pedazos la idea de que ni siquiera fuéramos amigos, pero no era capaz de pedirle que dejara a su esposa, consideraba que esa decisión la tenía que él que tomar sin que interviniera yo.

Me pasé días llorando, sabía que tenía que ser fuerte, pero no lo era, lo reconozco.

Días después, me llamó pidiendo perdón por haberme hecho tomar esa decisión, me dijo que no me quería perder como amiga, que era una gran persona y le dolía tenerme lejos.

Empezamos a vernos de nuevo, pero solo como amigos, como buenos confidentes. Pero yo seguía enamorada y no me resignaba a la idea de perderlo e intentaba que cayera de nuevo en mis brazos, aunque él parecía convencido de querer seguir con su vida estable, con su esposa y nada de tener amante.

Pasaban los días, hasta que llegó el momento en que todo cambió...

jueves, 8 de julio de 2010

El comienzo de una relación


Construir un castillo de naipes, es decir, poner las cartas necesarias para que una relación funcione.
Ya de por sí, construir una relación de pareja no es fácil, primero hay que conocerse y ver si somos compatibles como pareja.

Si queremos ser pareja de quien desde hace años es nuestro amigo, tenemos un camino adelantado, pero todo adelanto se convierte en atraso cuando ese amigo que tenemos y del que estamos enamoradas, es casado.

La base del castillo, la amistad, pero se puede caer en cualquier momento al colocar una carta mal. No es fácil hacerle ver a un amigo casado que estás enamorada de él, hay que tener mucha precaución.

¿Qué decidí? Enamorarlo poco a poco e ir colocando cartas.

Empezamos una relación totalmente a escondidas, así durante varios meses hasta que empezamos a frecuentar juntos lugares públicos, a estar con amigos que sabían de nuestra "buena amistad", solo eso, buena amistad.

Pero los rumores corrían y a su esposa le debieron llegar ciertos comentarios... Él nunca me lo ha afirmado pero se deduce al ver la reacción de él, algo había cambiado: me evitaba, no me llamaba, no me enviaba mensajes... Le dije que quería saber la verdad y su respuesta fue que tenía que decidir si alejarme de él para siempre (como si no lo conociera) o ser su pareja (dejando él a su esposa).

miércoles, 23 de junio de 2010

Construyendo un castillo de naipes


Carta a carta fui construyendo mi castillo de naipes, carta a carta que fui colocando cuidadosamente. Carta que pones y se viene el castillo abajo y a empezar de nuevo. Carta a carta, comencemos de nuevo. Pero, ¿qué ocurre cuando sólo te queda una carta por poner?
Es la más difícil, sabes que arriesgas el trabajo de meses e incluso años al colocar esa carta. Pero tienes que terminar el castillo o tirar la toalla, que se caiga y no empezar más. Porque, ¿de qué sirve un castillo de naipes inacabado?

Esa era mi vida, un castillo de naipes en construcción, cartas que fui poniendo con esfuerzo, algunas de mala manera que hicieron que el castillo se cayera. Pero decidía construirlo de nuevo, meses en que el castillo se mantenía en pie. Castillo casi acabado, sin embargo, inacabado estaba. Había que terminarlo, había que colocar la última carta, no tenía sentido empezar un castillo de naipes y dejarlo sin terminar. Había que arriesgar...

Todo se cayó, todo se vino abajo como nunca lo había hecho, siempre alguna carta en pie había quedado. Ahora no, ahora todo acabó, ahora mi castillo de naipes NUNCA MÁS estará en construcción.

lunes, 21 de junio de 2010

Ser la amante no se decide

Como bien indico en el título de esta entrada, ser la amante de un hombre casado no se decide, eso sucede casi sin darte cuenta. Claro está que hay muchos casos distintos, pero hablo personalmente del mío.

En mi caso, me enamoré de un chico a primera vista, es la primera y única vez que me ha pasado. Fue verlo y sentir algo que nunca había sentido, su sonrisa me hizo enamorarme perdidamente en menos de un segundo. Solo lo vi y cruzamos un par de palabras, pero después de muchos años, no puedo olvidar ese día. A los pocos días, me enteré que estaba casado y que tenía dos hijos pequeños y el mundo se me echó encima, pero bueno, ¿qué podía importarme ese chico que apenas había visto unos minutos?

Pasaba el tiempo y aunque lo veía poco, no podía olvidarme de él y pasado seis años desde la primera vez que lo vi, decidí intentar ganarme su amistad. Quería pensar que solo me atraía su sonrisa, pero que no estaba enamorada, si no lo conocía!!! Quizás fue un error, quizás no, pero de lo que me di cuenta es que sí que lo estaba y mucho. Pasó el tiempo, me gané su amistad y no solo eso, si no su amor...

Si empecé una relación con él a pesar de saber que estaba casado es porque llevaba años enamorada de él, porque no encontraba un chico que me llegara al corazón, porque quería luchar por lo que quería y lo que quería era él.

Yo no nací pensando que algún día sería la amante de un casado, nunca lo imaginé, si me hubieran preguntado si alguna vez sería la amante de un hombre casado hace unos años, hubiese dicho que no, pero el amor me pudo más y no lo pude evitar.

Por eso digo que ser la amante no se decide, soy de las que piensa que el amor no entiende de estado civil y si te enamoras debes luchar por lo que quieres, sea casado o no. En mi caso conseguí una bonita relación de dos años, la cual nunca olvidaré, aunque no consiguiera que dejase a su esposa por mí.